La gestión ambiental en Colombia de acuerdo con la Guía
del Ministerio de Ambiente es entendida como:
“el ejercicio
consciente y permanente de administrar los recursos del municipio y de orientar
los procesos culturales al logro de la sostenibilidad, a la construcción de
valores y actitudes amigables con el medio ambiente y a revertir los efectos
del deterioro y la contaminación sobre la calidad de vida y la actividad
económica”
Esta definición corresponde a lo que Leonel Vega Mora
(2001:40) define como una gestión ambiental operacional, es decir aquella que
interpreta las problemáticas ambientales como asuntos involuntarios por errores
de planificación y ejecución de programas.
Esta visión resulta en abordajes reduccionistas y fragmentados de la
gestión ambiental que se convierten en el primer obstáculo para propiciar su
transformación hacia una gestión con enfoque sistémico desde los saberes
ambientales.
En este contexto el saber ambiental que es aquel que
reconoce las distintas visiones para la construcción de nuevo conocimiento
(López & Hernández, 2009) es un saber emergente orientador de los procesos
catalizadores de las transiciones hacia la resiliencia y la sustentabilidad, proyecta
la gestión ambiental sistémica como: “las
intervenciones o procesos de transformación estén basadas en el fortalecimiento
de los elementos claves en las organizaciones, de la mano de una articulación
de los mismos” (Arias-Pineda, 2012); es decir construir el camino desde los
territorios para propiciar el cambio en la ruta del desarrollo e impedir así
las graves consecuencias de la crisis ambiental global evidenciadas en un
planeta cada vez más caliente de acuerdo con el Quinto Informe de Evaluación
(2014) del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, por sus siglas
en ingles).
Esta posibilidad de seguir aplicando la gestión ambiental
sistémica desde los sistemas de la actividad humana (Wilson, 1993) en este caso
el municipio de Pereira, representa un nuevo nivel de acercamiento a los
territorios como sistemas complejo para intervenir en procesos de
transformación producto de las propias expectativas y realidades a la luz de la
política ambiental municipal y el sistema de gestión ambiental municipal
(SIGAM).
La gestión ambiental a nivel municipal debe ser capaz de
asimilar las políticas ambientales y los compromisos globales por el cuidado
del planeta, tales como los emanados en el Acuerdo de Paris sobre Cambio
Climático, ratificado en abril del 2016 en Asamblea de las Naciones Unidas en
Nueva York. Como se puede ver la gestión
ambiental sistémica desde los territorios comprende y propone el abordaje de la
dimensión de los sistemas de las actividades humanas para transformar
sensaciones de inconformidad y/o alcanzar deseos de mejora (Checkland, 2001), dentro
de la gestión ambiental del municipio de Pereira, elaborando unos lineamientos estratégicos
específicos con enfoque sistémico como propuesta teórico-práctica de un
conocimiento emergente –los saberes ambientales-, para una gestión llamada a
cambiar el mundo.
Por esta razón la gestión ambiental sistémica no solo es
la apuesta de cambio desde las organizaciones y los territorios para superar la
crisis global, es además la apuesta de toda una escuela de pensamiento
latinoamericano que le propone al resto del mundo el re-pensar del modelo de
desarrollo de la sociedad (Ángel Maya, 2003), el papel de las organizaciones
humanas, el lenguaje con el que describe el mundo, los símbolos que utilizamos
y el rol de los ciudadanos en toda la configuración de la crisis y de las
opciones que existen para fortalecer y articular los procesos de resiliencia
local que propician la transición hacia la sustentabilidad global.
Es así como la gestión ambiental sistémica se proyecta
más allá de un ejercicio puramente académico para asumir la búsqueda de
estabilidades dinámicas en los procesos locales-territoriales propiciadores de
la capacidad de resiliencia y en las distintas actividades humanas que a su vez
tiene el potencial de tejer a modo de metáfora sistémica una red de sustentabilidad
ambiental global.
De allí que optar por un territorio en concreto sirve de
referencia real para la puesta en marcha de un pensamiento sistémico que incida
en los ciudadanos, en las organizaciones y en la sociedad para acelera los
proceso de cambios o las transiciones ambientales. Es enorme el reto que tiene en frente la
humanidad teniendo en cuenta el ritmo y la escala del cambio ambiental que exige
lograr complejas transformaciones de manera gradual pero en constante aceleración
(UNEP, 2012), precisamente la gestión ambiental sistémica como propuesta de
trabajo basada en una visión amplia y conjunta del futuro que es necesario construir
y en el cual las organizaciones y los territorios tienen una responsabilidad.
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